"Recién acabas de cumplir 82 años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de tí una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que solo sacia tu cuerpo apretado contra el mío. Por la noche veo la silueta de un hombre que, en una carretera vacía y en un paisaje desierto, camina detrás de un coche fúnebre. Es a tí a quién lleva esa carroza. No quiero asistir a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Oigo la voz de Kathleen Ferrier que canta, Die welt ist leer, Ich will nicht leben mehr, (El mundo está vacío, no quiero vivir más), y me despierto. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho, que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos".
André Gorz.
Dorine, la mujer de André, es la destinataria de esta carta. Ante la enfermedad terminal que ella padecía, decidieron poner fín a sus días, suicidándose, ambos dos...