"ande vas..."
Todo ser humano, en algún momento de su vida, ha debatido consigo mismo sobre la existencia del Dios verdadero. Muchas han sido las respuestas al dilema, por lo que no debería importar demasiado que se dé una más. Incorrecta. Irreverente. Irrelevante. Irreal. Como cualquier otra.
El concepto que se tiene de Dios es el de un Ser Todopoderoso, omnipotente. Un ente capaz de hayarse en todas partes. Cómo un mismo ser podría estar en todo lugar y a la vez en ninguno. Contradictorio. Definiré éste como el “Principio de la Omnipotencia”, pues si Dios existiese, sería superior a las leyes del espacio, con lo que ser un todo y nada sería posible. Resuelto pues.
Otro punto sería la própia creación de Dios, ya que todo lo que existe tiene que haber sido creado en algún momento, ¿no es así?... Pues no. No al menos con la Totipotencialidad. Superior. Igual como lo era a las leyes del espacio, también ajeno a las leyes del tiempo. No podemos buscarle origen a un ser externo a la idea del paso del tiempo. “Principio de Eternidad”.
Ese sería un perfil bastante aproximado del Dios Sobrenatural. Un ser que por tener la capacidad de perdurar en el tiempo (o de sobrepasarnos en él) y por hayarse en todos los lugares (especialmente los mas inóspitos, los mas secretos) lo conoce todo de todos, de absolutamente todo ser viviente sobre la tierra... como lo haría una madre con su hijo pequeño, o un mirón con la vecina a la que acosa... vaya imagen de la divinidad. Un fisgon. Un intruso que se cuela en nuestras própias vidas y alimenta sus necesidades con ellas. ¿Es que para eso fuimos concebidos? ¿Para eso se nos otorgó libre al vedrío? ¿Para saciar el aburrimiento de un Dios ególatra malcriado? (perdón, no malcriado, pues el verbo críar se concibe como una progresión temporal, y nuestro protagonista es inmune al tiempo; mejor malexistente).
Una alteración de las leyes del tiempo y del espacio... ¿Cómo un agujero negro, un agujero de gusano?. O un loco insconciente con visiones (o un borracho), un niño fantasioso, un cajón de sastre (que perdura desastroso por siempre jamás y a través de sus enseres se nos puede llegar a conocer), ¿Son acaso esas las mejores aproximaciones que tenemos al Gran Dios? Qué caos. Decepcionante. Realmente somos “a su imagen y semejanza”. Obsesionados por superar al tiempo que nos contiene y por conquistar todo aquello que nos rodea. Sí, somos dignos hijos de nuestro padre. Experimentos de si mismo para combatir el aburrimiento. Pobre visión de futuro. Terminar en la caja de los juguetes viejos y rotos. No puede ser así. Debe haber algun error, alguna confusión durante el viaje que me ha llevado a este punto...
Hemos definido a Dios, esbozando sus impulsos primigénios y con ello, el objeto de nuestra existencia, pero no puede ser este nuestro destino (otra vez más, poderosa palabra que nos condena y quebranta nuestros sueños y libertades... ¿me persigues también aquí?)... Dios Pluscuamperfecto... superior al tiempo y al espacio... inalterable... intangible... siendo como somos, con nuestro espiritu conquistador (de tiempo y espacio) ¿puede haber algo que no podamos configurar según nuestra propia existencia? Si poseemos su imagen no ha de haber fronteras que nos contengan, si somos semejantes... Empecemos de nuevo. Presente en todo lugar y a la vez inconcebible. No, no, no... Otra vez. Un elemento cuya presencia no podemos conocer. Un Abismo. La nada. Eso es. Un Ente cuya existencia fue anterior a nosotros y será posterior a la nuestra, pero que en cada punto de su vida -llamemosle vida a su infinito- nos será completamente ajeno. Inconcebible (inapreciable e intangible)... ¿Ese es el gran secreto? He ahí nuestro adorado: la vision de un loco borracho, la fantasia de un niño, las llaves que creemos que estan en el cajón, pero que no encontramos (otra vez: la nada, el abismo). Inexistencia.
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¿Existe Dios?... nadie esperaba que hayase la respuesta, y así ha sido. No hay conclusión. No hay verdad efímera y absoluta (efimera como el hombre y absoluta como nuestro conocimiento contrastado)... Tal vez ese fuese mi gran error. La pieza que me faltaba y en la que debí haber sustentado todo lo demás: soy humano (sometido al tiempo y al espacio). Y con ello como base, si existe un Dios totipotente por fuerza le he de ser ajeno.Le soy ajeno (como tiempo y espacio) y el me lo es a mí, pues no estamos construidos con la misma porción de realidad. No somos la misma materia. De este modo, nunca alcanzaremos una respuesta sobre lo que no forma parte de nuestra naturaleza. De este modo, no tiene sentido plantearse preguntas que no tienen respuesta. De este modo, el cuestionarse la existencia de Dios solo nos conduce a reafirmarnos como humanos, a conocer nuestra própia esencia (como obra divina o como única realidad alcanzable; juzguen ustedes).