"ande vas..."
Partimos... el viento nos empuja y azota la cara, a veces. Embarcamos en un navío, que desconocíamos y a la vez, paradogicamente odiábamos (y quien diga amarlo, que se enjuague la boca con jabón). Hoy no somos capitanes (ni jamás podremos serlo, según navegamos). No llegamos ni al rango de oficiales. Tan solo seremos polizones del barco en el que, por accidente difuso, nos encontramos. No nos importa.
Siempre hemos creído que cuanto vemos nos pertenecía. Que nos era suficiente con asestar nuestra bandera ras de tierra para ser poseedores de aquello que jamás podríamos ni tan siquiera imitar (y hoy dudo que pudiéramos recordar). Insensatos. Niños tontos y avariciosos en un barco lleno de tesoros.
Navegamos tranquilos, observando de lejos las tormetas... ¿por qué ese ímpetu por acercarnos? por formar parte de ellas (y reventar entre sus rayos y truenos... ni así llegaremos a ser firmamento). Las velas arrastran la proa del barco con rumbo firme y seguro hacia el Edén inalterado. Pero nosotros insistimos en encender los motores, para acelerar el paso. Más madera... más carbón... mas petróleo y radiación. Quememos combustible y vidas (pues ilusos, pensamos que ambos son infinitos)
Viajaremos en este barco, cada vez mas raudos y mas lejos. Más veloces, recorriendo corrientes, sobrenavegando arrecifes de corales. Alejandonos hasta el lugar del que no podamos regresar, y llamaremos a aquel desolado punto, hogar. Un nuevo comienzo, desde el que navegar.
Más de dos millones de años de viaje en ultramar, y una mañana de mayo, 29, divisamos encaramados al palo mayor (requemado por el humo y el fuego del motor) el destino del viaje. Distinta a nuestros sueños. Envuelta en bruma. Nuestro barco, herrumbroso y carbonizado. Tóxico. apenas avanza lo fuficientemente despacio, como para recorrer un par de centímetros más de los que se hunde el casco. Pero nos acercamos.
Desaparece la niebla...
Lo vemos claro...
Aquel paraiso anelado, ha cambiado. parece como si hubiese sido arrasado. como si hubiesemos vivido ya sobre sus tierras millones de años. Más cerca, no hay duda... es el lugar del que nos habíamos marchado.
Desolados... cunde el terror entre quienes habitamos; con el barco escorado, haciendo aguas, asfixiado. Herido de gravedad, no avanzará más. Y nos quedamos varados a unos cien metros de una playa recubierta de fango. Nos hundimos, esta vez, solos y desamparados... Descendemos a las profundidades de nuetro própio caos.
A veces me he preguntado, si la verdadera diferencia entre el hombre y los animáles, es que éstos saben lo que son y donde estan. Son conscientes de sus limitaciones. Nosotros... unicamente, lo somos, también de las suyas (jamas de las própias). Morimos (matamos). Buen provecho, merodeadores. Desaparezco.
1. Gracias por compartir con nosotros tu cuaderno de bitácora; ha sido un placer!!!
2. ...Canalla...lo digo con la boca grande...cuanto te echo de menos. Cuanto necesito de tus palabras, a veces...Precioso. Sencillamente, precioso, este último escrito tuyo, y sabio. Muy sabio. No nos dejes. Al menos, por aquí. Sigue con nosotros. A mí, al menos, me haces mucho bien. Un beso, Canalla...
Mis disculpas, a todos.