
Una vivencia que recuerdo agradable, y también he de reconocer un poco atolondrada, como siempre voy yo por la vida, pero me gusta. Ir sin mas, ni reservas, ni programas debidamente planificados, por qué? me pregunto, bastante estamos en la vida diaria, organizados o mas bien que nos organizan, eso si que me desquicia, lo admito!Llegué a la última hora de la tarde en el transbordador con coche incluido.
Aún me fui a tomar una bebida refrescante, antes de empezar a preguntar por el alojamiento. La verdad, no me esperaban a mi, para tener una reserva en un hotel mas o menos bien.Busque, busque… la isla estaba a tope, y nada de nada.
Lo único que encontré fue un camping, pero claro sin tienda, ni bungalows libres donde pudiera ponerme en posición horizontal.
La última posibilidad que tenia era dentro del coche, y así lo hice. Vaya nochecita que pase! Con un frío horroroso, total que a las 5 de la madrugada ja estaba en pie.
Esta visita a esta Isla encantadora, la recordaré siempre, porque a pesar de los pesares, me gusta la aventura, el riesgo a lo desconocido. Es vivir al límite!.

Vivir sin límites tiene sus riesgos, pero estos dan lugar a emociones fuertes. Todos apostamos a lo largo de nuestros días a sufrir algún que otro, digámoslo sustos, adversidades…
Pero yo no me conformo a vivir placidamente, de pequeña ya iba a explorar mundo entre comillas, que puede hacer un niño en su corta edad. Para mi era una aventura maravillosa, como por ejemplo subir una montaña no muy alta, respirar aquella brisa, y después desde lo alto contemplar, todo lo que yo podía alcanzar. Todo era inmenso, mis ojos miraban aún más lejos de lo que se podía ver.Y así continuo, mirando lejos, queriendo ver mas allá, quizás mas de lo que no se puede alcanzar. Soy feliz, vivo intensamente…