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		<title>Cuaderno para mayores</title>
		<link>http://www.cuadernosciudadanos.net/jjmarra</link>
		<description>Me gustar&#237;a compartir con otras personas, comentarios y an&#233;cdotas de nuestro entorno local desde los a&#241;os 1950 hasta nuestros d&#237;as, con el fin de rememorar "La Historia", nuestra peque&#241;a Historia particular.</description>
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			<title>Las cuatro esquinas</title>
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			<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 16:43:11 +0000</pubDate>
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			<description>  Recuerdo que, hace muchos a&#241;os, cuando mi ni&#241;ez, tuve un amigo. Se llamaba Paco. Y nunca supe sus apellidos. Debe ser que a esa edad, no importaba tanto saber con qui&#233;n te juntabas. &#205;bamos al mismo colegio, al San Fernando y tanto a su madre, como a su t&#237;a, con las que viv&#237;a, las llamaban "las valdepe&#241;eras". Viv&#237;an en la calle Alfonso XII, esquina con la de Alcazar, en una casa de varios vecinos que siempre ten&#237;a la puerta abierta. Para entrar a su vivienda, hab&#237;a que subir una escalera que arrancaba en la parte derecha del patio seg&#250;n entrabas. Al frente, hab&#237;a un porche corrido y la vivienda de otro vecino. En el patio siempre hab&#237;a macetas. Cada vecino ten&#237;a las suyas. Las de la madre de mi amigo eran de barro, compradas, seguramente en el bazar de Villaescusa. Las macetas de la otra vecina eran en tiestos diversos aprovechados para esos menesteres, como botijos en desuso, pucheros de barro sin asa o picados de los ba&#241;ados de porcelana, botes del tomate o latas de conservas, en fin, cualquier cosa que sirviera para la funci&#243;n, val&#237;a. En el buen tiempo, las unas y la otra se reunian en el patio entre las macetas con la costura y as&#237; aprovechaban el "rayico" de sol en las piernas o en otra parte, no faltando vecinas de la calle que se unieran al corro con la intenci&#243;n de aprender, que para eso la madre de mi amigo era de profesi&#243;n costurera, o para criticar al que pasaba y que desde dentro, con la puerta estrat&#233;gicamente entreabierta, pod&#237;an ver sin ser vistas.  Recuerdo que la madre de mi amigo era muy "se&#241;ora". En su casa, siempre vest&#237;a bata de seda de colores vivos y siempre estaba muy bien peinada y los labios rojos con el trazo fino. Los ojos tambi&#233;n los llevaba pintados, y las manos, grandes y blancas, de u&#241;as tambi&#233;n rojas, largu&#237;simas, con las que dudo que hiciera otra cosa a parte de trocearnos las onzas de chocolate Mat&#237;as L&#243;pez, cuando nos dada de merendar, que yo creo que se aprovechaba de mi presencia  para que comiera el milindres de Paco.  Una tarde, cuando nos reparti&#243; la torta y el chocolate, nos dijo que nos fueramos a com&#233;rnoslo a la placeta con los otros chicos y como nos hac&#237;amos los remolones, de lo bien que lo est&#225;bamos pasando en la mesa camilla, donde hab&#237;amos montado el campo de batalla de los soldados de goma, tuvo su t&#237;a que achucharnos, aprovechando que ella tambi&#233;n bajaba a comprar a la tienda de ultramarinos de la esquina, la del hermano Tomasillo. Lo de aquella tarde se me qued&#243; grabado porque hac&#237;a fr&#237;o y a Paco, no le consent&#237;a su madre que se expusiera as&#237; como as&#237; a coger un enfriamiento, que luego le costaba dios y ayuda soltarlo. As&#237; que nos bajamos a la placeta donde siempre hab&#237;a chicos de la vecindad.</description>
			<content:encoded><![CDATA[  Recuerdo que, hace muchos a&#241;os, cuando mi ni&#241;ez, tuve un amigo. Se llamaba Paco. Y nunca supe sus apellidos. Debe ser que a esa edad, no importaba tanto saber con qui&#233;n te juntabas. &#205;bamos al mismo colegio, al San Fernando y tanto a su madre, como a su t&#237;a, con las que viv&#237;a, las llamaban "las valdepe&#241;eras". Viv&#237;an en la calle Alfonso XII, esquina con la de Alcazar, en una casa de varios vecinos que siempre ten&#237;a la puerta abierta. Para entrar a su vivienda, hab&#237;a que subir una escalera que arrancaba en la parte derecha del patio seg&#250;n entrabas. Al frente, hab&#237;a un porche corrido y la vivienda de otro vecino. En el patio siempre hab&#237;a macetas. Cada vecino ten&#237;a las suyas. Las de la madre de mi amigo eran de barro, compradas, seguramente en el bazar de Villaescusa. Las macetas de la otra vecina eran en tiestos diversos aprovechados para esos menesteres, como botijos en desuso, pucheros de barro sin asa o picados de los ba&#241;ados de porcelana, botes del tomate o latas de conservas, en fin, cualquier cosa que sirviera para la funci&#243;n, val&#237;a. En el buen tiempo, las unas y la otra se reunian en el patio entre las macetas con la costura y as&#237; aprovechaban el "rayico" de sol en las piernas o en otra parte, no faltando vecinas de la calle que se unieran al corro con la intenci&#243;n de aprender, que para eso la madre de mi amigo era de profesi&#243;n costurera, o para criticar al que pasaba y que desde dentro, con la puerta estrat&#233;gicamente entreabierta, pod&#237;an ver sin ser vistas.<br>  Recuerdo que la madre de mi amigo era muy "se&#241;ora". En su casa, siempre vest&#237;a bata de seda de colores vivos y siempre estaba muy bien peinada y los labios rojos con el trazo fino. Los ojos tambi&#233;n los llevaba pintados, y las manos, grandes y blancas, de u&#241;as tambi&#233;n rojas, largu&#237;simas, con las que dudo que hiciera otra cosa a parte de trocearnos las onzas de chocolate Mat&#237;as L&#243;pez, cuando nos dada de merendar, que yo creo que se aprovechaba de mi presencia  para que comiera el milindres de Paco.<br>  Una tarde, cuando nos reparti&#243; la torta y el chocolate, nos dijo que nos fueramos a com&#233;rnoslo a la placeta con los otros chicos y como nos hac&#237;amos los remolones, de lo bien que lo est&#225;bamos pasando en la mesa camilla, donde hab&#237;amos montado el campo de batalla de los soldados de goma, tuvo su t&#237;a que achucharnos, aprovechando que ella tambi&#233;n bajaba a comprar a la tienda de ultramarinos de la esquina, la del hermano Tomasillo. Lo de aquella tarde se me qued&#243; grabado porque hac&#237;a fr&#237;o y a Paco, no le consent&#237;a su madre que se expusiera as&#237; como as&#237; a coger un enfriamiento, que luego le costaba dios y ayuda soltarlo. As&#237; que nos bajamos a la placeta donde siempre hab&#237;a chicos de la vecindad.]]></content:encoded>
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